viernes, 28 de diciembre de 2012

sábado, 22 de diciembre de 2012

Un ramo de viento



Aún es tiempo para decirte,
ahora que aún no duele la herida,
que te quiero sin que me exijas
ser el cerco de tu sombra
que te sigue y te limita.

No pretendas hacerme tuyo
que no sirvo para cautivo.
Solamente sé de un camino
para atarme a tu paisaje
y es el que va haciendo el río.

Quiéreme así
y no esperes más que el recuerdo
mi pobre recuerdo
y un ramo de viento.

Aunque pienses que te utilizo,
lo hago como respiro el aire,
no sé cómo puedo explicarte
que tu vida es solo tuya
y que yo no soy de nadie.

Si supieras que entre tus brazos
me encadeno apaciblemente
y es entonces cuando se enciende
la tristeza más terrible
que es la urgencia de perderte.


jueves, 13 de diciembre de 2012

Lo gritaría en cualquier lugar




No quiero que el tiempo  

vaya marcando el paso del verso que me estalla,  
no necesita el aire ningún diapasón,  
mi voz es el viento. 

No quiero y no creo  
que el tiempo solicite la luz cada mañana,  
que las estrellas salgan al anochecer,  
pues las llevo dentro.

No, no voy a hacerlo más  
que cuando miro atrás  
no veo nada  
y no es cuestión de concederle  
tiempo al tiempo...  
Si hay algo que es mío,  
es este inexorable latido que me mide  
con balas diminutas en el corazón;  
yo aprieto el gatillo  
para que dispare  
lo más pronto posible esa sed de sentimientos  
que quedó insatisfecha de tanto esperar.  
Ya no espera nadie. 
Y qué si la prudencia exige
que el tiempo se parcele  
para quemar etapas con moderación; 
los años son horas.  
Después de la noche  
no dejaré que vuelvan las horas a su sitio,  
la geografía deja de ser inmortal.  
El fuego es el orden.  




viernes, 7 de diciembre de 2012

Carta de amor de Françoise Sagan a Jean Paul Sartre


Querido Señor:

Y le llamo «querido señor» pensando en la interpretación infantil que de esta palabra hace el diccionario: «un hombre cualquiera». No voy a llamarle «querido Jean-Paul Sartre» porque resulta demasiado periodístico, ni «querido maestro» porque sé que es algo que usted detesta, ni «querido colega» porque resulta demasiado abrumador. Hace años que deseaba escribirle esta carta, de hecho, casi treinta años ya, desde que empecé a leerle, y especialmente diez o doce años, desde que la admiración, a fuerza de tanto ridiculizarla, se ha convertido en algo tan infrecuente como para que casi nos felicitemos por el ridículo. Quizá haya envejecido o rejuvenecido lo suficiente como para que en este momento no me importe nada ese ridículo al que usted, soberbiamente, jamás ha prestado la menor atención.

Tenía especial interés en hacerle llegar esta carta el 21 de junio, un día afortunado para esta Francia que vio nacer, con varios lustros de intervalo, a usted, a mí y, más recientemente, a Platini, tres personas excelentes que han sido llevadas a hombros o pisoteadas salvajemente -gracias a Dios, en su caso y en el mío, solamente en sentido figurado- por excesos de honor o inexplicables indignidades. Pero los veranos son cortos y agitados y se marchitan. He terminado por renunciar a esta oda de aniversario, y sin embargo sentía la necesidad de decirle lo que voy a decirle y que justifica este título sentimental.

Pues bien, en 1950 empecé a leer de todo, y Dios o la literatura saben a cuántos escritores he admirado y cuántos me han gustado desde entonces, sobre todo escritores vivos, de Francia y de otros países. Después he conocido a algunos, también he seguido la carrera de otros, y si bien todavía quedan muchos a los que admiro, usted es sin duda el único al que sigo admirando como hombre. Todo lo que me prometió a mis quince años, una edad a la vez severa e inteligente, una edad sin ambiciones precisas y por tanto sin concesiones, todas esas promesas las ha cumplido usted. Ha escrito los libros más inteligentes y honrados de su generación, ha escrito incluso el libro más rebosante de talento de la literatura francesa: Las palabras. Al mismo tiempo, siempre ha acudido humildemente al socorro de los débiles y de los humillados, ha creído en la gente, en las causas, en las generalidades, en ocasiones equivocándose como todo el mundo, aunque (y en esto, contrariamente al resto del mundo) habiéndolo reconocido en todo momento. Se ha negado obstinadamente a aceptar los laureles morales y todas las gratificaciones materiales de su gloria, ha rechazado el supuestamente honorable Nobel cuando nada tenía, tres veces fue objeto de atentados con explosivos durante la guerra de Argelia, se vio en la calle sin pestañear, ha impuesto a los directores de teatro las mujeres que le gustaban para papeles que no eran exactamente los que más se adecuaban a ellas, dando así fe con todo fasto de que, para usted, el amor podía ser, al contrario, «el duelo clamoroso de la gloria». En resumen, ha amado, escrito, compartido y entregado todo lo que podía dar y que era en realidad lo importante, al tiempo que rechazaba todo lo que se le ofrecía en nombre de la importancia. Ha sido usted hombre tanto como escritor, jamás ha pretendido que el talento del segundo justificara las debilidades del primero ni que la felicidad de crear autorizara de por sí a despreciar ni descuidar a sus allegados ni a los demás, a todos los demás. Tampoco ha afirmado nunca que equivocarse con talento y de buena fe legitime el error. De hecho, no ha buscado usted refugio tras la famosa fragilidad del escritor, esa arma de doble filo que es su talento, evitando con ello caer en el común de los narcisos, que no es sino uno de los tres roles reservados a los escritores de nuestra época, junto con los de pequeño señor y gran lacayo. Al contrario, lejos de blandir, como tantos otros, entre delicias y clamores, esa supuesta arma de doble filo, ha pretendido que fuera eficaz, ágil y ligera en su mano y se ha servido bien de ella, la ha puesto a disposición de las víctimas, de las auténticas víctimas, de las que no saben escribir, ni explicarse, ni pelear, ni siquiera a veces quejarse.

Al no pedir a gritos justicia porque no era su deseo juzgar, al no hablar del honor porque no deseaba ser objeto de honra, al no evocar siquiera la generosidad porque ignoraba que era usted la generosidad misma, ha sido el único hombre de justicia, de honor y de generosidad de nuestra época, trabajando sin cesar, dándolo todo por los demás, viviendo sin lujos y sin austeridad, sin tabúes y sin celebración alguna, salvo, claro está, el triunfal júbilo de la escritura, haciendo el amor y dándolo después, seduciendo aunque siempre presto a dejarse seducir, desbordando a sus amigos con sus opiniones en todos los frentes, consumiéndoles con su velocidad, su brillo y su inteligencia, aunque volviendo siempre a ellos para ocultárselo. A menudo ha preferido ser utilizado, manejado, a ser indiferente, y también a menudo ha preferido verse decepcionado a negarse a una expectativa. ¡Qué vida tan ejemplar para un hombre que nunca ha deseado ser ejemplo de nada!

Y aquí le tenemos, privado de la vista, según dicen incapaz de escribir, y a buen seguro sintiéndose tan desgraciado como cabe imaginar. Quizá le guste saber que en los últimos veinte años, allí donde he estado -en Japón, en Norteamérica, en Noruega, en provincias y en París- he visto como hombres y mujeres de todas las edades hablaban de usted con la misma admiración, confianza y gratitud que le expreso aquí.

Este siglo ha revelado ser loco, inhumano y podrido. Usted ha demostrado ser un hombre inteligente, tierno e incorruptible. Y sigue siéndolo. No sabe cuánto se lo agradecemos.


____________________________________________________________________________


“Escribí esta carta en 1980 y la publiqué en L’Egoïste, el hermoso y caprichoso periódico de Nicole Wisniak. Naturalmente, antes de hacerlo pedí permiso a Sartre a través de un intermediario. No nos habíamos visto desde hacía casi veinte años. Y aun entonces sólo habíamos compartido algunas comidas con Simone de Beauvoir y mi primer marido, comidas vagamente tensas; y de tarde en tarde en algunos divertidos encuentros en lugares vespertinos poco recomendables en los que Sartre y yo fingíamos no vernos y un almuerzo con un industrial encantador vagamente encaprichado conmigo y que le propuso dirigir una revista de izquierdas que él mismo financiaría encantado (aunque, cuando el industrial en cuestión fue a cambiar su tique de estacionamiento entre el queso y el café, Sartre se mostró desanimado y al borde de la risa; en cualquier caso, poco a poco llegó de Gaulle y su aparición fue la conclusión definitiva de ese proyecto irrealizable).

Tras esos breves contactos, no volvimos a vernos durante veinte años, y durante todo ese tiempo siempre quise decirle lo mucho que le debía.

Sartre, ciego, mandó que le leyeran esta carta y me quiso ver y cenar conmigo cara a cara. Fui a buscarle al boulevard Edgar-Quinet, por donde no paso jamás desde entonces sin que se me encoja el corazón. Fuimos a La Closerie des Lilas. Yo le llevaba de la mano para que no se cayera, y lo cierto es que tartamudeaba de tan intimidada como me sentía. Creo que formábamos el dúo más curioso de las letras francesas y los jefes de comedor revoloteaban ante nosotros como una bandada de cuervos asustados.

Fue un año antes de su muerte. Sería la primera de una serie de cenas, aunque en aquel entonces yo no lo sabía. Creía que Sartre me invitaba sólo por pura amabilidad y también creía que yo moriría antes que él.

Después seguimos comiendo juntos cada diez días. Yo iba a buscarle, le encontraba a punto en la entrada, con su trenca, y huíamos como un par de ladrones, fuera cual fuera la compañía. Debo reconocer que, contrariamente a lo que cuentan sus seres más allegados, y según los recuerdos que conservan de sus últimos meses, jamás me horrorizó ni me abrumó su forma de comer. Sin duda todo parecía zigzaguear un poco sobre su tenedor, aunque en un gesto típico de ciego, no de viejo chocho. No logro entender a los que se compadecen de él en sus artículos y en sus libros, aparentemente afligidos y hablando con desprecio de esas comidas. Deberían haber cerrado los ojos si tan delicada tenían la vista y limitarse a escucharle. Escuchar esa voz alegre, valerosa y viril, oír la libertad de sus palabras.

Lo que le gustaba de nuestra relación, o eso me decía, era que nunca hablábamos de los demás ni de nuestras relaciones comunes: hablábamos, decía, como dos viajeros en el andén de una estación… Le echo de menos. Me encantaba tomarle la mano y que él me tomara el espíritu. Me encantaba hacer lo que me pedía, me daban igual sus torpezas de ciego; admiraba que hubiera sido capaz de sobrevivir a su pasión por la literatura. Me encantaba coger su ascensor, llevarle a pasear en coche, cortarle la carne, intentar alegrarnos las dos o tres horas que pasábamos juntos, prepararle el té, llevarle whisky a escondidas, escuchar música juntos, y sobre todo me encantaba escucharle. Me daba mucha pena dejarle delante de la puerta de su casa, de pie, con los ojos en mi dirección y el aire afligido cuando yo me iba. En cada una de esas ocasiones tenía la impresión, a pesar de nuestros encuentros precisos y cercanos, de que no volveríamos a vernos; de que Sartre estaba más que harto de «la traviesa Lili» -esa era yo- y de mi hablar entrecortado. Temía que nos ocurriera algo a uno o al otro. Y sin duda la última vez que le vi, delante de la última puerta esperando conmigo el último ascensor, estaba más tranquila. Pensé que para él yo era un poco importante; no se me ocurrió que muy pronto poco podría hacer eso por conservarle la vida. Me acuerdo de esas extrañas comidas, gastronómicas o no, que celebrábamos en los discretos restaurantes del XIVe arrondissement.

-¿Sabe? Me han leído su «carta de amor» -me dijo en una ocasión al principio-, y me ha encantado. Aunque ¿cómo pedir que me la relean para poder deleitarme con todos sus cumplidos? ¡Seguro que me toman por paranoico!

Fue entonces cuando le grabé mi propia declaración -cosa que me llevó seis horas, pues no paraba de tartamudear- y pegué un esparadrapo a la cinta para que la reconociera al tocarla. A veces, en sus tardes de depresión, quería escucharla a solas, aunque sin duda lo hacía para complacerme. Decía también:

-Está empezando a cortarme los trozos de carne demasiado grandes. ¿No me estará perdiendo el respeto?

Y en cuanto me afanaba sobre su plato, él se echaba a reír.

-Es usted muy amable y eso es buena señal. La gente inteligente es siempre amable. Sólo he conocido a un tipo inteligente y malvado, pero se trataba de un pederasta y vivía en el desierto.

Y es que había tenido a menudo a su alrededor hombres, esos jóvenes ancianos, chiquillos, esos viejos chiquillos que le reclamaban como padre, a él que sólo había disfrutado de la compañía de las mujeres.

-¡Ah, pero me agotan! -decía-. Lo de Hiroshima es culpa mía, lo de Stalin es culpa mía, sus pretensiones son culpa mía, y culpa mía es su estupidez…

Y se reía de los subterfugios empleados por esos falsos huérfanos intelectuales que le querían por padre. ¿Padre, Sartre? ¡Qué idea! ¿Marido, Sartre? ¡Tampoco! Amante quizá. Esa soltura, ese calor que incluso ciego y medio paralítico mostraba hacia una mujer eran más que reveladores.

-¿Sabe usted? Cuando empecé a sufrir cierto grado de ceguera y comprendí que no podría seguir escribiendo (por entonces escribía diez horas al día desde hacía cincuenta años y fueron los mejores momentos de mi vida), cuando comprendí que para mí eso se había minado, me quedé muy afectado y llegué incluso a pensar en suicidarme.

Al ver que yo no decía nada y al sentirme aterrada ante la idea de su martirio, añadió:

-Pero ni siquiera lo intenté. Hasta entonces había sido un hombre tan feliz, había sido hasta ese momento un hombre, un personaje tan hecho para la felicidad, que no iba a cambiar de rol así, de golpe. Sigo siendo feliz, por pura costumbre.

Y cuando le oía hablar así, oía también lo que no decía: para no destruir, para no afligir a los míos, a las mías. Y sobre todo a esas mujeres que a veces le llamaban a medianoche, cuando volvíamos de nuestras cenas, o por la tarde, cuando tomábamos el té, y que sonaban tan exigentes, tan posesivas, tan dependientes de ese hombre enfermo, ciego y desposeído de su oficio de escritor. Esas mujeres que por su propia desmesura le restituían la vida, su vida de hasta entonces, su vida de mujeriego, de pendón, de mentiroso, de hombre compasivo o de comediante.

Después, ese último año Sartre se marchó de vacaciones, unas vacaciones divididas entre tres meses y tres mujeres, que él afrontaba con una amabilidad y un fatalismo sin falla. Durante todo el verano creí haberle perdido un poco. Al llegar el otoño regresó y volvimos a vernos. Y pensé que esta vez yo estaría «para siempre»: para siempre mi coche, su ascensor, el té, las cintas, esa voz divertida, a veces tierna, esa voz segura. Sin embargo, otro «para siempre» le esperaba ya. Desgraciadamente un «para siempre» que sólo le incluía a él.

Fui a su entierro sin dar demasiado crédito. Sin embargo resultó un hermoso entierro, con miles de personas de todo tipo que también le querían, le respetaban, y que le acompañaron durante kilómetros hasta su última morada. Personas que no habían tenido la desgracia de conocerle y de verle durante todo un año, que no tenían en la cabeza cincuenta lugares comunes desgarradores de él, personas que no le echarían de menos cada diez días, todos los días, personas a las que envidié y compadecí a la vez.

Y si después me he indignado, naturalmente, ante los vergonzosos relatos en que se retrataba a un Sartre chocho, obra de algunas personas de su entorno, si he dejado de leer ciertos recuerdos de él, no he olvidado su voz, su risa, su inteligencia, su valor y su bondad. Estoy sinceramente convencida de que jamás me recuperaré de su muerte. Pues a veces, ¿qué hacer? ¿Qué pensar? Sólo ese hombre finado podía decírmelo, sólo a él podía creerle.
Sartre nació el 21 de junio de 1905, yo el 21 de junio de 1935, pero no creo (de hecho, no tengo ninguna necesidad de ello) que me queden más de treinta años sin él en este planeta”.


Françoise Sagan


miércoles, 5 de diciembre de 2012

Ménilmontant - Charles Trenet




Ménilmontant, mais oui madame
c'est là que j'ai laissé mon cœur
c'est là que je viens retrouver mon âme
toute ma flamme, tout mon bonheur...

Quand je revois ma petite église
où les mariages allaient gaiement
quand je revois ma vieille maison grise
où même la brise, parle d'antan.

Elles me racontent, comme autrefois
de jolis contes, beaux jours passés 
Je vous revois
Un rendez-vous, une musique
des yeux rêveurs tout un roman
tout un roman d'amour poétique et pathétique
Ménilmontant!

Quand midi sonne
la vie s'éveille à nouveau
tout résonne
de mille échos
la midinette fait sa dînette au bistro
la pipelette lit ses journaux
voici la grille verte
voici la porte ouverte
qui grince un peu pour dire "Bonjour bonjour
alors te v'là de retour ?"

Quand je revois ma petite gare
où chaque train passait joyeux
J'entends encor dans le tintamarre
des mots bizarres, des mots d'adieux.

Je suis pas poète
mais je suis ému,
et dans ma tête
y a des souvenirs jamais perdus.

Un soir d'hiver
une musique
des yeux très doux les tiens maman
quel beau roman d'amour poétique
et pathétique
Ménilmontant!


jueves, 22 de noviembre de 2012

Calle Melancolía


Como quien viaja a lomos de una yegua sombría,
por la ciudad camino, no preguntéis adónde.
Busco acaso un encuentro que me ilumine el día,
y no hallo más que puertas que niegan lo que esconden.



Las chimeneas vierten su vómito de humo
a un cielo cada vez más lejano y más alto.
Por las paredes ocres se desparrama el zumo
de una fruta de sangre crecida en el asfalto.

Ya el campo estará verde, debe ser primavera,
cruza por mi mirada un tren interminable,
el barrio donde habito no es ninguna pradera,
desolado paisaje de antenas y de cables.

Vivo en el número siete, calle Melancolía.
Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría.
Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía
y en la escalera me siento a silbar mi melodía.

Como quien viaja a bordo de un barco enloquecido,
que viene de la noche y va a ninguna parte,
así mis pies descienden la cuesta del olvido,
fatigados de tanto andar sin encontrarte.

Luego, de vuelta a casa, enciendo un cigarrillo,
ordeno mis papeles, resuelvo un crucigrama;
me enfado con las sombras que pueblan los pasillos
y me abrazo a la ausencia que dejas en mi cama.

Trepo por tu recuerdo como una enredadera
que no encuentra ventanas donde agarrarse, soy
esa absurda epidemia que sufren las aceras,
si quieres encontrarme, ya sabes dónde estoy.



lunes, 12 de noviembre de 2012

Il Viaggiatore

Tu mi dai voglia di vivere



Questa è la tua ora, parti, viaggiatore

che ancora molto per te deve accadere. 
Per anni sui mari ti sei avventurato, 
seguendo cauto le vie delle tue carte. 
Quale desiderio rende inquieto il tuo cuore, 
quale marea ti sta rubando il sonno. 
Tu che nella tempesta sicuro hai navigato, 
è questa l'ora, parti, viaggiatore. 
Apri le vele ad accogliere il vento 
che ancora molto per te deve accadere. 
Cerca la rotta seguendo la corrente 
verse un'oscura, remota stella. 
Quale desiderio rende inquieto il tuo cuore, 
quale marea ti sta rubando il sonno. 
Senza esitare abbandona il tuo porto, 
è questa l'ora, parti, viaggiatore.

jueves, 8 de noviembre de 2012

J'ai vécu




Quand je prendrai, solitaire, l'aller simple sans retour
que tout homme de la Terre prend un jour
pour aller voir Dieu le Père et lui compter mes vertus
je lui dirai sans manières «J'ai vécu»

J'ai vécu la vie d'un être, pétri de chair et de sang
J'ai vécu chaque seconde de mon temps
J'ai vécu pour tout connaître de ce qui m'était offert
sans souci d'aller au ciel ou en enfer
pensant que je n'avais rien de mieux à faire

Ni plus ni moins optimiste que le reste des humains
j'ai mené la vie d'artiste, pas de saint
et lorsque s'éteint la piste, que le spectacle s'est tu
admettons qu'en égoïste j'ai vécu

J'ai vécu la vie d'un être qui n'aspirait qu'au bonheur
J'ai vécu jusqu'à m'en déchirer le cœur
J'ai vécu, mon Dieu, peut-être sans penser à mon salut
mais sur Terre, on m'avait affirmé que tu
laissais venir à toi les brebis perdues

Si mes lettres de créance semblaient minces et sans effet
si, pour toucher sa clémence, je devais
justifier mon existence en détail, par le menu
je dirais pour ma défense «J'ai vécu»

J'ai vécu, le feu dans l'âme pour les filles au cœur chaud
J'ai vécu, le désir planté dans la peau
J'ai vécu, au nom des femmes pour l'amour et ses envies
croyant par moments toucher le paradis
en brûlant mes jours et consumant mes nuits
J'ai vécu ma vie

miércoles, 24 de octubre de 2012

Zaz

Je veux



Je veux de l'amour, de la joie, de la bonne humeur
ce n'est pas votre argent qui fera mon bonheur.
Moi, je veux crever la main sur le coeur,
allons ensemble, découvrir ma liberté
oubliez donc tous les clichés
Bienvenue dans ma réalité.


Les passants


Les passants passant
J'passe mon temps à les regarder, penser
leurs pas pressés dans leurs corps lésés
leurs passés se dévoilent dans les pas sans se soucier

Que, suspicieuse, à l'affût, je perçois le jeu de Pan.
Leurs visages comme des masques me font l'effet répugnant
Que faire semblant, c'est dans l'air du temps

L'enfant n'est fait que de fêtes.
Le fait est que l'effet se reflète
à sa capacité de prendre le fait tel qu'il est
sans se référer à un système de pensée dans sa tête.

Par les temps je cours à l'équilibre.
Chaque jugement sur les gens me donne la direction à suivre
sur ces choses en moi à changer, qui m'empêchent d'être libre.

Les voix se libèrent et s'exposent
Dans les vitrines du monde en mouvement.
Les corps qui dansent en osmose
glissent, tremblent, se confondent et s'attirent irrésistiblement

Par les temps je cours à l'expression.
Chaque émotion ressentie me donne envie d'exprimer les non-dits
et que justice soit faite dans nos pauvres vies endormie.


martes, 23 de octubre de 2012

Tim Hardin




If I were a carpenter and you were a lady, 
would you marry me anyway?
Would you have my baby?

If a tinker were my trade,
would you still find me
carrying the pots I made,
following behind me?


viernes, 12 de octubre de 2012

Octobre avec Francis Cabrel



Mes mains sur tes cheveux
des écharpes pour deux.



Soy incapaz de decir de qué color huele el río
mais je l'adore.



miércoles, 10 de octubre de 2012

Il giocatore di biliardo

C'è una luce che luna non è
in un buio che notte non è
e una voce che voce non è
che non parla ma parla di me.



E di colpo mi sfiora la mano
l'erba verde di questo altopiano
ed il gioco si porta via
rotolando la vita mia.

Tic tac, tic tac
Per ogni geometria
ci vuole fantasia.

viernes, 28 de septiembre de 2012

No rain

Para hoy, que no para de llover.

And I start to complain that there's no rain
and all I can do is read a book to stay awake
and it rips my life away, but it's a great escape
escape......escape......escape......


(no me dejan poner el vídeo oficial, qué le vamos a hacer)

Esto es lo que me enseña el loco de M.


miércoles, 26 de septiembre de 2012

#25S: Errores y aciertos

Este post, con muchísima suerte lo leerá el 1% de los que asistan a las próximas manifestaciones. Ruego a personas y periodistas con influencia, que lo divulguen o bien que divulguen artículos en esta línea para tratar de coordinar a los manifestantes.

Aquí tenéis el enlace:

martes, 25 de septiembre de 2012

L' apprendista stregone


Continuerò la mia invisible danza,
senza tracce, sulla neve lieve sarò,
mi dirai di sì o mi dirai di no.
Avrà il silenzio la voce che ho,
e mani lunghe abbastanza,
sarà d'attesa e d'intensa, però
saprò quello che ancora no so


Col mio cuore di matita correggerò
gli errori fatti dal tempo
e con passo di guardiano controllerò
che si fermi o che avanzi più lento


lunes, 24 de septiembre de 2012

Insieme a te...


Cercavo in te la tenerezza che non ho,
la comprensione che non so trovare in questo mondo stupido.
Quella persona non sei più,
quella persona non sei tu.
Finisce qua.
Chi se ne va, che male fà.
E quando andrò devi sorridermi se puoi
non sarà facile ma sai si muore un po' per poter vivere.

V. Pallavicini

sábado, 15 de septiembre de 2012

Emmenez-moi



Vers les docks où le poids et l'ennui
me courbent le dos
Ils arrivent le ventre alourdi
de fruits les bateaux


Ils viennent du bout du monde
apportant avec eux
des idées vagabondes
aux reflets de ciels bleus
de mirages

Traînant un parfum poivré
de pays inconnus
et d'éternels étés
Où l'on vit presque nus
sur les plages

Moi qui n'ai connu toute ma vie
que le ciel du nord
j'aimerais débarbouiller ce gris
en virant de bord.



Emmenez-moi au bout de la terre
emmenez-moi au pays des merveilles
Il me semble que la misère
serait moins pénible au soleil.


Dans les bars à la tombée du jour
avec les marins
quand on parle de filles et d'amour
un verre à la main

Je perds la notion des choses
et soudain ma pensée
m'enlève et me dépose
un merveilleux été
sur la grève.

Où je vois tendant les bras
l'amour qui comme un fou
court au devant de moi
et je me pends au cou
de mon rêve

Quand les bars ferment, que les marins
rejoignent leur bord
moi je rêve encore jusqu'au matin
debout sur le port


Emmenez-moi au bout de la terre
emmenez-moi au pays des merveilles
Il me semble que la misère
serait moins pénible au soleil.


Un beau jour sur un rafiot craquant
de la coque au pont
pour partir je travaillerais dans
la soute à charbon

Prenant la route qui mène
a mes rêves d'enfant
sur des îles lointaines
où rien n'est important
que de vivre

Où les filles alanguies
vous ravissent le cœur
en tressant m'a t'on dit
de ces colliers de fleurs
qui enivrent

Je fuirais laissant là mon passé
sans aucun remords
sans bagage et le cœur libéré
en chantant très fort


Emmenez-moi au bout de la terre
emmenez-moi au pays des merveilles
Il me semble que la misère
serait moins pénible au soleil...


lunes, 10 de septiembre de 2012

Andrea Bocelli

Macchine da guerra

Se fosse una cosa semplice
io te la direi,
ma c'è una confusione dentro 
e quì, attorno a me.
Tu preferisci evitare
e forse la colpa non è tua; 
potrei tentare un'altra volta,
ma non sono io che devi sentire.




A piedi nudi camminiamo
sui vetri rotti e poi
con mani sporche ci tocchiamo
ci feriamo fra di noi;
tutti i segnali sono guasti,
pallidi spenti nel buio;
potrei tentare un'altra volta
ma non sono io che devi sentire.

Ascolta il tuo cuore se batte, 
guarda dove corri e fermati,
ascolta il dolore del mondo;
siamò persi per la via,
orfani di vita,
macchine da guerra,
ma perchè?

Non c'è più tempo per guardare 
una stella sopra noi,
è tutto prepagato, stampato
e accreditato a noi;
ma come fai a non accorgerti,
fregartene, andare via
con passi falsi di felicità,
ma il sangue è anche tuo.

Siamo persi per la via,
orfani di vita,
macchine da guerra,
ma perchè?


viernes, 31 de agosto de 2012

De paso


Luis Eduardo Aute




Nos quitan libertad de expresión

Rompiendo quizás con el estilo de todo lo anterior. Hoy estoy (más) enfadada.
Ya que no lo vamos a poder oír en la radio, yo lo comparto aquí:


Javier Gallego se despide de sus oyentes

Un día hace cosa de tres meses, mientras escuchaba este programa, no sé por qué, -quizás vosotros sí- me pregunté cuánto tardarían en cancelarlo. Yo nunca fui pesimista con las cosas, lo que me duele es que al cabo del tiempo, los hechos mismos me califiquen de realista.
Javier Gallego lo dice todo, yo no tengo mucho más que aportar... Aunque tengo mucho que protestar.

domingo, 26 de agosto de 2012

Quiero ser un Vittorio de Sica II

Umberto D.


Cuando me preguntan qué tipo de cine me gusta y no sé cómo definirlo, siempre me lamento de no  poder describir con palabras algo como esto. 
Pero de eso se trata, ¿no?


Marc Chagall

Sus pinturas y retazos de My Life


A veces las cosas me encuentran a mí


Andrea Bocelli
Con te partirò



Su le finestre
mostra a tutti il mio cuore
che hai acceso,
chiudi dentro me
la luce che
hai incontrato per strada.


Con te partirò.
Paesi che non ho mai veduto e vissuto con te,
adesso si li vivrò,
Con te partirò
su navi per mari che io lo so,
no, no, non esistono più,
con te io li vivrò.


Con te, con te, con te